Por Ricardo Zermeño González
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Definimos las brechas de competitividad como la calificación que logró cada nación, dividida entre la calificación del país más competitivo; de esta manera, se obtienen calificaciones de competitividad relativas, donde el país más competitivo alcanza la calificación máxima de una unidad (1.00) y el resto de los países, calificaciones relativas abajo de la unidad.

Por ejemplo, en 2016 la calificación relativa más alta fue de nuevo para Suiza (1.00) y la más baja para Yemen (0.47). Visto así, la brecha de competitividad de México ha fluctuado mucho en la última década, mostrando un incremento de 0.72 a 0.76 entre 2007 y 2016.

Brecha de competitividad

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El avance mexicano es importante cuando nos comparamos con Brasil, que ha retrocedido en los últimos años. Sin embargo, el resto de los BRICs han avanzado más rápido y China es mucho más competitiva que todos, sobre todo por factores de madurez empresarial.

Determinantes de la competitividad

El Foro Económico Mundial agrupa los determinantes de la competitividad en tres grandes grupos de factores:

Requerimientos básicos: agrupa las condiciones mínimas que un país necesita para competir, tales como la solidez de las instituciones, la cobertura y calidad de la infraestructura, la estabilidad macroeconómica y un nivel elemental de educación y salud.

Facilitadores de la eficiencia: son factores que determinan la competencia y el buen funcionamiento de los mercados, tales como la educación superior y la capacitación, la eficiencia del mercado de bienes, la eficacia del mercado de trabajo, el desarrollo del mercado financiero, la capacidad tecnológica y el tamaño del mercado interno.

Madurez empresarial: son condiciones que contribuyen no sólo a la eficiencia sino, sobre todo, a la diferenciación de las empresas, tales como la sofisticación del negocio y la innovación.

En la medida en que un país se desarrolla, y pasa por diferentes etapas de transición, cambia la importancia de cada grupo de factores. Y tal vez la transición más dura es la que México está experimentando: estamos pasando de un desarrollo basado en eficiencia e importación de tecnología a un desarrollo basado en la innovación.

Asi, cuando observamos las brechas a nivel de los tres grandes grupos de factores de la competitividad observamos que:

Mejoraron los facilitadores de la eficiencia y la madurez empresarial y empeoró el grupo de requerimientos básicos.

Aunque mejoró la madurez empresarial, esta brecha competitiva es la más profunda de México.

Evolución de las brechas de competitividad

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Al observar detenidamente los doce factores de competitividad que componen el índice, destaca el hecho de que México mejoró en 8 de los 12 determinantes de la competitividad.

Sin embargo, también llama la atención que, de los cuatro factores en los que retrocedimos, el decrecimiento más pronunciado se dio en estabilidad macroeconómica; factor que hace diez años era el mejor calificado.

Asimismo, el segundo factor con mayor retroceso se registró en la madurez de las instituciones, que denota debilidad en nuestro estado de derecho y nuestros problemas de corrupción e impunidad. Además, le siguen caídas en competitividad, salud y educación primarias, y la eficiencia en el mercado laboral.

En contraste, los avances más altos se dieron en infraestructura y desarrollo del mercado financiero, seguidas por capacidades tecnológicas, tamaño del mercado, educación superior y capacitación, eficiencia en el mercado de bienes y sofisticación de negocios.

Por último, es importante resaltar el avance de la innovación, que había caído año tras año. Sin embargo, no hay que lanzar las campanas al vuelo: sigue siendo la brecha más profunda después de madurez de las instituciones.

Cambios en las brechas de competitividad

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La reforma empresarial, una que muchos ignoran

En los últimos años, los mexicanos nos hemos concientizado de la necesidad de reformas estructurales para impulsar la competitividad del país, pero poco se discute de una que, en mi opinión, es igualmente importante y más crítica en el largo plazo: la reforma empresarial.

Dicha reforma sería el combustible para impulsar el motor de la competitividad en los países avanzados, y pasa por construir una cultura empresarial totalmente volcada a la innovación, que es la única forma de generar riqueza. Desafortunadamente, en México, la innovación es poco entendida y aún se concentra en circulos empresariales destacados.

Es fundamental comprender que las empresas de grandes rendimientos son aquellas que crean sus propios espacios de mercado y buscan simultaneamente la diferenciación y el bajo costo. En contraste, las compañías que hacen lo mismo que sus competidores y sólo se preocupan por ser más eficientes que ellos, mantienen una guerra de precios constante y ceden valor a sus proveedores y clientes. Sólo puede haber un líder en precio; el resto de las empresas debe competir basados en valores agregados.

Así, los verdaderos saltos en la productividad se logran con empresarios innovadores que lideran la transformación de sus organizaciones. En ellos descansa la competitividad y generación de riqueza del país.

World Economic Forum, 2002, Global Competitiveness Index.

 

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