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Por Alejandro Vargas González
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En la primera parte de este reporte, concluimos que, en medio de la actual contingencia, existen en México miles de establecimientos de alta productividad de industrias poco afectadas localizados en estados con buenas perspectivas de recuperación, que en conjunto destinan alrededor de $34 mil millones de pesos al año para presupuesto de tecnología.[1]

De este presupuesto de tecnología, alrededor del 80% se destina a gastos de operación (OPEX): pago de servicios de soporte, mantenimientos, telecomunicaciones, arrendamientos y rentas de equipos.

Y el restante 20% es para inversiones de capital (CAPEX), principalmente adquisición de licencias de software y contratación de servicios de consultoría e implementación.

Dentro de estos establecimientos, se destacan las industrias alimentarias, un aglomerado de diversos negocios dedicados a la manufactura de harinas, cereales, conservas, cárnicos, lácteos, golosinas, panificadoras, etc. Todas ellos actividades esenciales.

Un porcentaje importante de estos negocios alimentarios se encuentran en Jalisco, Nuevo León, Sonora y Durango, estados con altos índices de adopción de políticas públicas para la contención de la pandemia, de acuerdo con las evaluaciones realizadas por la universidad de Miami y otras instituciones de educación superior.[2]

La contingencia sanitaria ha puesto presión en las cadenas productivas de alimentos al limitar el contacto físico entre personal interno y externo, por lo que las prioridades de estos negocios han tenido un cambio importante en los últimos meses buscando reforzar procesos digitales y seguros.

Para estos productores de alimentos resulta fundamental garantizar la seguridad del personal en sus instalaciones mediante una comunicación efectiva de políticas, guías de higiene y habilitación de distancias seguras en los procesos productivos. En este sentido, gran parte del presupuesto de inversión será destinado para el despliegue de herramientas tecnológicas como controles de acceso basados en reconocimiento facial, cámaras con sensores de temperatura y analíticos para identificar aglomeraciones. Esta puesta en marcha de la nueva manufactura requiere también de implementaciones de sistemas de seguridad de la información que garanticen la privacidad de datos sensibles de los colaboradores.

Otro aspecto clave para estas industrias son los controles de trazabilidad alimentaria, que permitan identificar factores de riesgos en insumos y proveedores, apoyados en modelos de detección microbiológicos, y una renovada búsqueda de mayor eficiencia en la gestión de la planta y de materias primas, con el objetivo de mejorar los márgenes del negocio. Las inversiones en tecnología para hacer realidad esta visión se concentrará en herramientas de análisis de datos soportados en plataformas híbridas que aprovechen el poder de la nube pública y los datos on premise.

Sin duda, los negocios de tecnología están ante la oportunidad de contribuir con la transformación digital en la industria alimentaria, y dejar en evidencia que estas inversiones en tecnología sustentan las estrategias, fortalecen la resiliencia del sector y aumentan la eficiencia de cara a la nueva realidad.

Rutas de transformación

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[1] https://www.selectestrategia.net/reporte/oportunidades-en-la-tormenta-la-nueva-realidad-para-los-negocios-de-tecnologia

[2] http://observcovid.miami.edu/mexico/

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